geriatría

Descubra más sobre la geriatría y su importancia

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Como un día después del otro y el ciclo de la vida, el envejecimiento es inexorable, trayendo con él cambios físicos y mentales. Y, aunque todavía no es posible retrasarlo, hay una buena noticia: la geriatríatiene todo para prolongar, por muchos años, la salud, el bienestar, la autonomía y una vida más productiva.

De la misma manera que los niños son tratados por el pediatra y los adultos por el clínico general, las personas mayores de 60 años deben ser acompañadas por el geriatra.

Se trata, por lo tanto, de una especialidad clínica que asiste al paciente de manera global, con enfoque amplio, pero diferenciado: utiliza herramientas y escalas específicas para ese grupo de edad, como aquellas para evaluar la memoria, por ejemplo, en el abordaje del mal de Alzheimer. La enfermedad, aún incurable, es la principal causa de demencia en todo el mundo, perjudicando funciones mentales como memoria, raciocinio, percepción, atención y comportamiento.

¿Qué hace la geriatría?

Cabe a estos especialistas diagnosticar situaciones que aparecen o se agravan con el envejecimiento. Es decir, mantener la integridad funcional del organismo del anciano.

El geriatra tanto trata las secuelas de un derrame, por ejemplo, cómo trabaja para evitar el surgimiento de problemas. Su formación engloba diez años de estudios. Y no sustituye a los demás especialistas, incluso capacitados para acompañar la presión arterial alta, la diabetes, los problemas vasculares, el reumatismo y tantos otros. Lo que hace es monitorear bien estas enfermedades que acompañan el envejecimiento, concentrando el tratamiento.

Como la evaluación de la salud y las quejas del paciente es amplia, el médico necesita dedicar más tiempo a esas consultas. Varios aspectos son evaluados, como la visión del paciente, la memoria, estado psicológico, calendario de vacunas, además de escuchar atentamente sus quejas,

A pesar de que algunos pacientes tienen que regresar antes al consultorio, cada anciano debe ir al geriatra por lo menos una vez cada seis meses. El envejecimiento exacerba los hábitos y manías de las personas. Por eso la relación médico-paciente tiene que ser bien establecida desde el principio.