Mitos y verdades sobre las vacunas

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En la última década, se ha registrado una tendencia a prescindir del plan de vacunas fijado por el Ministerio de Salud. Se ha establecido una serie de mitos que fundamentan esta decisión. Sin embargo, ¿qué tan ciertos son?. A continuación analizaremos los más difundidos:

1. “Las enfermedades que supuestamente previenen ya no existen”

Esgrime que, gracias a las bondades de la vida moderna y la mejora en las condiciones de higiene, infecciones como la poliomielitis y el sarampión han desaparecido. Si ya no son una preocupación, entonces ¿para qué inocularnos?. Lo cierto es que tales enfermedades hoy están controladas gracias a la vacuna, por lo que si ésta se suprime, volverán.

2. “La vacuna es peligrosa porque contiene mercurio”

Ésta es una de las ideas que ha tenido mayor alcance. Se fundamenta en la presencia del tiomersal, compuesto orgánico usado como conservante, que tiene bajas dosis de ese elemento químico. Sin embargo, no existen pruebas científicas que sugieran que las cantidades utilizadas suponen algún riesgo para la salud.

3. “La vacuna puede causar autismo”

Este mito tiene origen en un estudio publicado en 1998, que establecía un posible vínculo entre la inoculación y el trastorno de espectro autista. Sin embargo, dicha investigación contenía graves irregularidades, lo que la llevó a ser descartada. Lo cierto es que no hay estudios fidedignos que establezcan una relación entre ambos factores, por lo cual los especialistas llaman a la calma.

4. “La inmunización se produce naturalmente – y mejor – al padecer la enfermedad”

El sistema inmune efectivamente protege al organismo, previniendo que una enfermedad que ya haya atacado vuelva a hacerlo en el futuro. Las vacunas están formuladas para provocar en él una reacción similar, sin exponerlo a eventuales complicaciones. El precio de la experimentación o de “esperar que las defensas se desarrollen naturalmente”, podría ser muy alto y causar daños irreversibles.

Estos son sólo algunos de los mitos que giran en torno a la vacuna, la mayor parte de los cuales son absolutamente infundados. Lo cierto es que si como sociedad hemos avanzado hacia menores tasas de mortalidad y mayor esperanza de vida, es gracias a la inoculación, que ha erradicado enfermedades potencialmente mortales. La exposición controlada a una infección siempre será más efectiva y segura que exponernos con total vulnerabilidad a sus devastadoras consecuencias.